¿Los padres tienen hijos favoritos? Claro que sí

  • Las investigaciones demuestran que la salud mental de los niños menos favorecidos sufre por eso

De niña, Kara nunca pensó que sus padres fueran de los que tienen favoritos.

Sus hermanos pequeños siempre disfrutaban de atención extra y privilegios especiales, como viajes a Disneylandia, pero ella había racionalizado ese comportamiento: los hijos mayores deben ser más independientes, pensaba, y sus padres probablemente tenían más dinero para vacaciones después de que ella se mudara.

  • La evidencia se hizo patente

Pero a medida que ella y sus hermanos crecían –y el trato especial continuaba– la evidencia se hizo patente. Hace dos años, cuando sus padres llamaron para decir que planeaban pasar las vacaciones con sus hermanas, una vez más, y que no volarían para visitar a Kara y a sus hijos en Navidad, tuvo un momento de claridad.

“De repente me di cuenta de que quizá no había justificación”, dijo Kara, quien pidió que no se utilizara su apellido para proteger la intimidad de su familia. “Quizá esos niños siempre iban a ser los favoritos”.

Sus hermanos pequeños siempre disfrutaban de atención extra y privilegios especiales, como viajes a Disneylandia, pero ella había racionalizado ese comportamiento: los hijos mayores deben ser más independientes, pensaba, y sus padres probablemente tenían más dinero para vacaciones después de que ella se mudara.

Kara llegó a resentirse de que sus padres pasaran por alto a sus propios hijos del mismo modo que la pasaron a ella por alto. “Dos generaciones de rechazo”, lo llamaba. Y a pesar de sus esfuerzos por superar el resentimiento y la decepción, la desigualdad afectó a su salud mental.

  • “No puedo superar el dolor”, dijo.

Las investigaciones de las últimas décadas muestran que las versiones de la experiencia de Kara son comunes para los hermanos menos favorecidos. En la infancia, tienen más probabilidades de tener peor salud mental, peores relaciones familiares y menos éxito académico que sus hermanos.

Otras investigaciones demuestran que esas dinámicas familiares pueden afectar a la salud mental mucho después de la juventud. Un estudio descubrió que el hecho de que los hijos adultos se creyeran favorecidos o desfavorecidos era un factor de predicción más fuerte de su salud mental que casi cualquier otro factor medido, incluidos el estado civil, el empleo y la edad. Solo la salud física estaba más estrechamente correlacionada.

“Puedes hablar con los mayores y te contarán lo que les pasó cuando tenían cinco años”, dijo Laurie Kramer, quien estudia las relaciones entre hermanos en la Universidad Northeastern. “Están estancados en eso”.

En una sociedad que desaprueba el trato desigual de los niños, medir el favoritismo de los padres no es tarea fácil.

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