Por: Rafael Anzoátegui
- Este poeta soledeño fu dignosticado con la enfermedad de Hans o lepra, a los 15 añlos y murió a los 29.
La décima La Miseria Humana, escrita por el soledeño Gabriel Escorcia Gravini, tiene su historia de cementerio, pues fue precisamente en uno de lugares donde se inspiró este poeta para plasmar sus desgracias, dolores y miserias.
Esta décima le dio la vuelta al mundo cuando el acordeonero sucreño Lisando Meza la hizo canción en 1976 al grabarla parcialmente en un largo paseo de más de diez minutos. Gabriel Escorcia Gravini falleció a los 29 años. Sus restos mortales reposan en el Cementerio Central de Soledad, el cual lleva su nombre.
Para rendirle un homenaje al legado cultural de Escorcia Gravini, en el municipio de Soledad cada año realizan un recital en la misma tumba del poeta.
“Hacemos este evento para conservar la memoria colectiva del poeta en Soledad, ya que su nombre se ha venido perdiendo, por lo que hablamos de la vida y obra de este gran personaje, así como hacemos lectura de sus poemas”, expresó Fernando Castañeda García, organizador del recital.
Por ahora, la memoria de Escorcia Gravini sigue viva a través de la Gran Miseria Humana.


Esta es la letra, escrita por Gabriel Escorcia Gravini:
I
Una noche de misterio
Estando el mundo dormido
Buscando un amor perdido
Pase por el cementerio.
Desde el azul hemisferio,
La luna su luz ponía,
Sobre la muralla fría,
De la necrópolis santa,
En donde a los muertos canta
El búho su triste elegía.
II
La luna y sus limpideces,
A las tumbas ofrecía,
Y pulsaba en la luz fría,
El arpa de los cipreses
Con aquella logubreses,
De mi corazón hermana,
Y me inspiraron con gana
Interrogar a la parca,
Entré a la glacial comarca
De las miserias humanas.
III
Acompañado de incienso,
Los difuntos visité,
Y en cada tumba dejé,
Una lágrima y un verso.
Estaba allí de perverso
Entre seres no ofensivos,
Fui a perturbar los cautivos,
De los sepulcros desiertos,
Me fui a buscar a los muertos
Por tener miedo a los vivos
IV
La noche estaba muy bella,
Y el aire muy sonoro,
Y en una dalia de oro,
Semejaba cada estrella-
Y la brisa sin querella,,
Por ser voluble y ser vana,
En esta mansión arcana
Corría llena de embeleso
Dejando sus frescos besos
En las miserias humanas.
V
La luna seguía brillando,
En el azul de los cielos,
Y las nubes con su velo,
Sin miedo la iban tapando.
Y en procesión pasando
Por la inmensidad secreta
Iba la brisa inquieta
Y retozaba en el sauco
Que emperlaba con su luz
Diana la novia del poeta.
VI
La luna que diana es,
En aquella hermosa noche,
Se abrió como el auro broche
Como una flor de prendiez,
Sentí temblaban mis pies,
En tan lobregüe mansión
Y como revoltociano
Temblaba mi corazón
VII
Bajo de un ciprés sombrío,
Y verde cual la esperanza,
Y con fúnebre sellanza
Estaba un cráneo vacío-
Yo sentí pavor y frío,
Al mirar la calavera
Pareciendo que en su esfera
Como que se reía de mi
Y yo de ella me reí
Viéndola en tal miseria.
VIII
Dime humana calavera,
Qué se hizo la carne aquella
Que te dio hermosura bella
Cual lirio de primavera-
Que se hizo tu cabellera.
Tan frágil y tan liviana
Dorada cual la mañana
De la aurora el nacimiento
Que se hizo tu pensamiento
Responde miseria humana.
IX
Calavera sin pasiones,
Di que se hicieron tus ojos
Con que mates de hinojo
Alhélicos corazones-
Que represos de ilusiones.
Te amaron con soberana
Pasión que no era villana
En estas horas tranquilas
Di que hiciste tus pupilas
Responde miseria humana.
X
Calavera qué infeliz,
Te beso en luna de plata
Y por qué te encuentra ñata
Si era larga tu nariz.
Donde esta la masa gris,
De tu cerebro pensante
Donde está el bello semblante
Y tus mejillas rosadas
Que a besos en noche helada
Quiso comerse un amante.
Yo soy el cráneo de aquella
A quién le cantaste un día
Pues más que no merecía
Porque no era así tan bella-
Como la primera estrella,
Del oriente el tulipán,
Donde las auroras dan
El rocío que se deslíe
Aquí el que de mi se ríe.
De él mañana se reirán
Aquí está la gran verdad
Que sobre el orgullo pesa
Aquí la gentil belleza
Es igual a la fealdad
Aquí acaba la maldad
Y la bondad tan preciada
Aquí la mujer casada
Es igual a la soltera
Me decía la calavera
Con una voz apagada
Yo escuchando aquellas cosas
Tan llenas de horrible espanto
Salí de aquel campo santo
Como fugaz mariposa
La luna llena y rabiosa
Ver que en su lumbre fugaz
Y la calavera audaz
Dijo al verme correr
Aquí tienes que volver
Y calavera serás
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