Por: Rafael Anzoátegui
Comunicador social/periodista
Para Jaivis Daniel Murillo Zurita la discapacidad visual no ha sido el impedimento para sobrevivir como músico callejero y llevar la comida a su hogar conformado por su mujer y dos hijas.
Todos los días se instala detrás de la Catedral San Jerónimo de Montería, no solo a cantar acompañado de una vieja Violina (ya pocos la saben tocar) y una guacharaca, como si se tratara de un hombre orquesta, sino a llevar un mensaje de salvación pues sus canciones son alabanzas.
Son mensajes de paz y fe. Con solo verlo ya uno sabe que tenemos frente a nuestros ojos a un ser humano que se resiste a sucumbir ante los retos que le ha planteado la vida o el destino.
En diálogo con RA Crónicas y Noticias, Jaivis nos contó, con más resignación que dolor, como se le fue apagando lo que conocía del mundo.
“Un día cualquiera empecé a sentir mucho dolor de cabeza y acudí al médico. Estando en consulta experimenté la misma molestia y boté sangre por la nariz. El médico se alarmó pero lo tranquilé y tras sus recomendaciones me fui para mi casa. Comencé a ver borroso y me dolían los ojos. Un especialista me detectó glaucoma y así fue que todo se me fue apagando hasta que quedé ciego (sic)”.
La ceguera tampoco fue obstáculo para conformar una familia y procrear dos hijas. Una de ella aprendió a tocar la caja vallenata y es quien lo acompaña en las largas jornadas detrás de la Catedral.
Jaivis espera que Dios le mande un ángel que lo guíe en busca de una vejez digna.
Por ahora, este hombre nacido en en la zona costera de Antioquia pero hijo adoptivo de Montería, sigue haciendo lo que aprendió de oídos y aplica para sobrevivir: cantar con alegría a Dios.
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