••CRÓNICA••
(Primera entrega)
Por: Rafael Anzoátegui
Comunicador social/periodista




Han transcurrido ya cuatro largos años y seis meses desde que el cadáver de Nicolás Andrés Sierra, de 22 años para esa época, fue encontrado en avanzado estado de descomposición en la azotea del área de sanidad de la Base de Entrenamientos de la Armada Nacional en Coveñas, Sucre.
Es el tercer homicidio ocurrido en los últimos años en esa unidad militar de entrenamiento.
Sobre ella se han tejido tenebrosas historias de malos tratos y tortura. Hace algunos años se hizo viral un video de instructores golpeando a los integrantes de un grupo especial, lo que produjo una investigación de las autoridades competentes que pusieron la lupa sobre lo que allí sucedía.
Al final, como casi ocurre en este país, todo quedó en silencio y no se supo más del caso.
- Entre rabia, impotencia y dolor

Han sido noches y días interminables para Ana Sierra, madre de la joven víctima.
En entrevista exclusiva para este medio, Ana nos relató, entre contrariedad y lágrimas, que ya él sospechoso del crimen de su hijo salió de prestar el servicio militar y que él y otros posibles cómplices están en las calles de Medellín, Ibagué, Tolima, y Palo de Agua, San Pelayo.
- El contexto

Transcurría el 2022 y también llegaba la pandemia de la Covid-19 que azotó a la humanidad.
A pesar de eso, siempre arribaban a Lorica y localidades vecinas de Coveñas efectivos de reclutamiento militar para invitar a jóvenes que quisieran enrolarse a la Infantería de Marina y la Naval.
Quizás la sensación de poder que produce portar con orgullo el uniforme militar llamó la atención de Nicolás y otros muchschos que luego de presentar los exámenes se vincularon a la Institución castrense.
Nicolás solo llevaba un mes de servicio militar cuando se enfermó y un supuesto enfermero le colocó una inyección en toda la mitad de uno de los glúteos.
Esa mala praxis le produjo la afectación del mencionado nervio lo que generó dificultades para caminar apoyado en esa pierna.
Nicolás siguió realizando labores administrativas en las inmediaciones de sanidad hasta que un día llegaron a ese lugar varios infantes a hacer trabajos de mantenimiento eléctrico, entre otros oficios.
Esa actividad la combinaban, al parecer, con el consumo de marihuana ya que era un lugar donde poco iban los cuadros de mando.
En una ocasión, a un infante de sanidad se le perdieron unas prendas del uniforme como gorra, botas y demás. Sierra se dio cuenta y alertó sobre lo sucedido y se lo dijo al dueño.
El propietario del uniforme hurtado encaró al sujeto y hasta le pegó una cachetada. El presunto ladrón juró matar a Nicolás por ‘echarlo al agua’.
Poco después, Nicolás Sierra desapareció, al tercer día lo encontraron apuñalado y en avanzado estado de descomposición.
Espere la segunda entrega de esta crónica
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